América

 

 

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A los 16 años de edad, la vida sitúa a Karl Rossman en una encrucijada. Sin prácticamente recursos pero con todas las posibilidades abiertas y una existencia casi sin estrenar Karl, tras ser repudiado por sus padres, se ve obligado a tomar un vapor con destino a América donde un mundo nuevo cargado de oportunidades aparecerá ante sus ojos.

Durante el trayecto traba relación con el fogonero del barco, un hombre que asegura haber sido maltratado por otro miembro de la tripulación y que se dispone a presentar sus quejas ante los altos cargos de la nave. Y el joven Karl, que posee un espíritu noble y honrado que se revuelve ante las injusticias, toma partido defendiendo al fogonero en un enfrentamiento verbal que mantienen contra el comité de mando del barco; una discusión larga, intensa y profundamente kafkiana, donde Karl trata de hacer valer las razones del fogonero y que pone en evidencia la escasa (o nula) capacidad de maniobra de una persona que ocupa las últimas posiciones en la cadena de poder frente a las que se encuentran por encima de él.

Aunque las circunstancias iniciales se muestran adversas, un giro repentino de los acontecimientos coloca a Karl en una posición afortunada. Encontrarse por casualidad con su tío de América, un influyente senador que le acoge en su lujosa casa y le trata como si fuera su propio hijo, proporciona a Karl una acogida inmejorable en su segunda patria. Pero, tal y como asegura su tío, “los primeros días de un europeo en América bien podían compararse a un nacimiento” y en esta nueva vida Karl no había hecho nada más que empezar. Algún tiempo después el joven comete un error a causa del que su tío el senador se siente decepcionado y esto le conduce a una reacción desproporcionada, que coloca de nuevo a Karl en la calle y le sitúa en la posición de partida: un emigrante sin hogar ni perspectivas, un desaparecido al que su familia ha repudiado y que aterriza en el país de las oportunidades sin más posesiones que las que lleva encima.

Ante este panorama, Karl no se amedranta. Su optimismo natural, su responsabilidad consigo mismo y para con los demás, sus sólidos principios éticos y su buena fe le empujan a seguir adelante sin más preocupaciones que las del futuro inmediato. Y este carácter le ayuda a encontrar algunos trabajos con los que ganarse la vida, como el de ascensorista en un hotel. Pero es esta misma bondad la que le impide deshacerse de amistades poco recomendables, como la pareja de granujas sin escrúpulos formada por Robinsón y Delamarche que le perjudicarán hasta el paroxismo (gran parte de la culpa recaerá también en la obesa y decandente cantante Brunilda). Y Karl, que tiene continuamente la sensación de que “los otros, todos ellos, le llevaban ventaja en la vida, una ventaja que él debía compensar mediante una aplicación mayor en el trabajo, y también con pequeñas renuncias”, no deja de luchar contra sus circunstancias, no pierde nunca la esperanza ni decae su ánimo, no cesa de trabajar, de buscar un empleo que le permita desvivirse por la empresa, de tratar de mejorar, de poner más de sí mismo, de hacer renuncias cada vez mayores que le llevan, incluso, a ir minando su propia dignidad como persona. Cosa, por otra parte, imposible, ya que la categoría moral que posee es -queda probado en esta novela- inmaculada e indestructible.

Fuente: Trabalibros

El periplo de las adaptaciones de Kafka al cine es analizado por José Agustín Mahieu en su artículo “Kafka y el cine” el cual podéis consultar en Cervantes virtual

Nposter-amerikao hay demasiadas adaptaciones de Amerika, y se podría decir que el cine no ha tratado demasiado bien esta obra de Kafka. La más reciente la hizo el checo Vladimìr Michàlek en 1994. Pero la película no se comercializó fuera de su país, siquiera en inglés, y solo es posible verla en determinados circuitos culturales y festivales. Fue el debut cinematográfico de Michàlek, y es una adaptación bastante libre del texto, que Michàlek convierte en drama psicológico sobre un pastor rural que huye de la dictadura. En la película se aprecian, al parecer, algunos de los temas que el director continuará en su filmografía posterior, además de los de actualidad checa, como son las perspectivas de los jóvenes, el tema de los ancianos y la coexistencia generacional en una sociedad que ha sufrido cambios vertiginosos en las últimas décadas.

relaciones-de-claseOtra adaptación, algo anterior es la alemana “Klassenverhältnisse”( “Relaciones de clase”). La película, de 126 minutos, data de 1984 y está dirigida por Danièle Huillet y Jean-Marie Straub. Bastante fiel al libro, se centra en las relaciones de clase y la sociedad creada por el capitalismo, que se muestra a sus individuos de forma cruel y caprichosa. Klassenverhältnisse introduce también saltos temporales para aquellos pasajes del manuscrito que no tienen continuación porque Kafka jamás los concluyó, y obvia el último y controvertido capítulo, cuya autoría atribuyen algunos  a Max Brod. La puesta en escena es eminentemente teatral. La película tiene un presupuesto bajísimo y está rodada enteramente en Europa. La Estatua de la Libertad corresponde con la réplica francesa y las calles de Nueva York son un mero decorado. Lo más resaltable son las interpretaciones, bastante logradas, y una fotografía en blanco y negro que aporta el punto interesante a un trabajo que bien podría clasificarse dentro de la serie B.

Fuente: Puerta de Babel

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