Hablando de G. K. Chesterton

Este mes hemos leído El hombre que fue Jueves del enorme, en todos los sentidos, escritor ingles G. K. Chesterton. (1874-1936)

Las oníricas aventuras de esta extraordinaria novela comienzan en “El barrio de Saffron Park –Parque del Azafrán- se extendía al poniente de Londres”; en esa misma atmósfera azafranada que envuelve todo el relato hemos empezado comparando nuestro barrio con aquel y un dorado paralelismo especular ha sido el hilo conductor del coloquio.
Mediante preguntas y recuerdos hemos confrontado nuestro perfil con los de policías y anarquistas propuestos por Chesterton y ha vuelto a aparecer nuestro ya casi amigo el doble, la dualidad característica de la condición humana tan explorada por la literatura, que nos viene acompañando desde el primer encuentro.
Y entre las muchas dudas esta: quizá vivamos disfrazados.
“Aquel bosque de encantamiento, donde los rostros se ponían alternativamente blancos y negros, ya entrando en la luz, ya desvaneciéndose en la nada, aquel caos de claroscuro (después de la franca luminosidad de los campos) era a la mente de Syme un símbolo perfecto del mundo en que se encontraba metido desde hacía tres días; aquel mundo en que los hombres se quitaban las barbas, las gafas, las narices, y se metamorfoseaban en otros. Aquella trágica confianza en sí mismo, de que se sintió poseído cuando se figuró que el Marqués era el mismo Diablo, había desaparecido del todo, ahora que el Marqués se le había convertido en un aliado. En tal desazón, casi se preguntaba qué es un amigo y qué es un enemigo. Las cosas, aparte de su apariencia, ¿tendrían alguna realidad? El Marqués se arrancaba las narices y se transformaba en detective. ¿No podría igualmente quitarse la cabeza y quedar hecho un espectro? Después de todo, ¿no era todo a la imagen y semejanza de aquel bosque brujo, de aquel incansable bailoteo de luz y sombra? Todo podía ser un resplandor fugaz, un destello siempre imprevisto y pronto olvidado. Porque en el interior de aquel bosque salpicado de sol, Gabriel Syme encontraba lo que muchos pintores modernos han encontrado: lo que hoy llaman “impresionismo”, que sólo es un nuevo nombre del antiguo escepticismo, incapaz de encontrarle fondo al universo.”
Y un genial atisbo de solución:
“¿Quieren ustedes que les diga el secreto del mundo? Pues el secreto está en que sólo vemos las espaldas del mundo. Sólo lo vemos por detrás, por eso parece brutal. Eso no es un árbol, sino las espaldas de un árbol; aquello no es una nube, sino las espaldas de una nube. ¿No ven ustedes que todo está como volviéndose a otra parte y escondiendo la cara? ¡Si pudiéramos salirle al mundo por enfrente!… “
Al menos, hay que seguir intentándolo.

Chesterton también nos recomienda la próxima lectura a través de una reveladora reseña sobre una novela de su compatriota Charlotte Brontë, con un enfoque iluminador sobre la protagonista, Jane Eyre.

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