El árbol de la ciencia

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El árbol de la ciencia es una de las novelas más representativas del género existencial, en tanto que narra la trayectoria vital de un héroe o un antihéroe, en conflicto con las fuerzas irracionales.
Desarrolla la vida de Andrés Hurtado, un personaje perdido en un mundo absurdo. La trama constituye una continua sucesión de desengaños. Su ambiente familiar hace del muchacho un personaje solo y abandonado, con un gran vacío en el alma. Paradójicamente, siente una sed de conocimiento espoleado de una necesidad de encontrar alguna solución que dé sentido a su vida.  Sin embargo, sus estudios no colman sus ansias ya que la universidad, así como la cultura española, se encuentra en un estado lamentable.

Toda su realidad es grotesca: las clases en la universidad, las diversiones con los amigos, el ejercicio de la profesión, etc.; todo, absolutamente todo se nos presenta de color gris, triste, feo, desagradable. Hasta las cosas que en cualquier persona causarían agrado y placer provocan en Andrés Hurtado monólogos interiores en los que concibe todo como grosero y carente de sentido. Sólo el casamiento con Lulú hace que Andrés encuentre la paz por unos meses.

La novela se puede estructurar en tres núcleos temáticos:

El primer núcleo es la infancia de Andrés y, fundamentalmente, la relación con su padre. Personaje que provoca en su hijo una reacción antinatural, acrecentada por la ausencia de la madre, cuya presencia hubiera podido atenuar esa frialdad en las relaciones.

El segundo núcleo viene determinado por la experiencia intelectual, básicamente por la lectura de libros mal asimilados e, incluso, sin haberse entendido, como el mismo autor reconoce. No obstante, esa experiencia intelectual libresca y las conversaciones mantenidas con su tío Iturrioz son las bases sobre las que Baroja va a construir todo su aparato ideológico.

El tercer núcleo lo constituye el tema del dolor, la enfermedad y la muerte. En este caso, la experiencia vital determina la intelectual, Andrés, que no quiere enfrentarse a los problemas busca soluciones intelectuales, amparándose en ellas para justificar un temperamento, que no es tal sino cobardía e irresponsabilidad.

Es crucial en la vida de Andrés este suceso porque es la primera vez que se enfrenta al dolor y, lógicamente, no lo entiende. El querer conocer la naturaleza del sufrimiento, sus causas y sus distintas manifestaciones será esa constante temperamental a lo largo de su vida. A partir de ese momento, lo temperamental y lo ideológico estarán íntimamente unidos.

PERSONAJES:

La mayoría son bastante simples en la medida que cumplen una función: la de ser plasmación literaria de un comportamiento que, previamente, su autor censura o aprueba. Esto le lleva a ofrecer una visión simplista de los caracteres o de los análisis sociológicos. Junto a Andrés Hurtado aparece una larga galería  de personajes que pretende ser una radiografía de la sociedad de aquella época.

Serán frecuentísimas las conversaciones de Andrés con su tío Iturrioz acerca del sentido de la vida, conversaciones que son aprovechadas por Baroja para verter toda su concepción filosófica, en la que Schopenhauer y Kant brillan por su presencia.

El mundo es concebido como un absurdo total, un torbellino al que los personajes que lo pueblan parecen arrojados y que ellos no entienden ni comprenden.

 ESTILO:

La ideología de Baroja hay que considerarla de forma inseparable de su temperamento. Las ideas sobre el hombre y el mundo que se desprenden de sus obras se inscriben a la perfección en la línea del pesimismo existencial.

Para Baroja el mundo carece de sentido, la vida le parece absurda y no alberga ninguna confianza en el hombre. Esta concepción hunde sus raíces en Schopenhauer, el filósofo más leído y admirado por Baroja, y se refleja en sus obras y personajes.  Su ideología política está marcada por el mismo escepticismo. Pese a sus contactos juveniles con el anarquismo, lo que realmente le atraía del mismo era la rebeldía, el impulso demoledor de la sociedad establecida. Rechazaba el comunismo, el socialismo y la democracia y pronto se encerró en un radical escepticismo. De ahí que sus personajes preferidos sean los inconformistas y se caracterizan por su hastío vital.

Aunque afirmó su escaso interés por lo estético, para él lo más importante era la naturalidad conseguida mediante la espontaneidad a la hora de escribir. Esta es la impresión superficial que producen muchas de sus novelas: episodios y acontecimientos puestos unos detrás de otros, anécdotas, divagaciones y digresiones, multitud de personajes ocasionales. En realidad, no era tan espontáneo como él afirmaba; sí se preocupaba de la construcción narrativa y, en general sus novelas tienen una sutil línea estructural, de características muy especiales. Es pues una novela abierta y despreocupada por su composición. Lo que más importa es la evolución y concepción psicológica de su protagonista.

La técnica narrativa de Baroja es sobre todo realista, basada en la observación de ambientes, situaciones y personajes de la vida real, pero vistos a través del particular subjetivismo del autor, lo que confiere a su obra un carácter impresionista.

En cuanto a los personajes, los protagonistas, sobria pero certeramente delineados, suelen ser seres marginales o enfrentados a la sociedad, a veces, cargados de frustración y otras lanzados a la acción. Como ya hemos dicho, las novelas de Baroja están pobladas por multitud de personajes secundarios, apenas caracterizados, que entran y salen sin previo aviso, pero que aportan con su presencia la misma impresión de variedad que se encuentra en la vida.

Se le ha criticado su estilo, a veces desaliñado o descuidado e incluso incorrecto. La verdad es que posee una prosa clara, sencilla y espontánea, antirretórica, como era el ideal de todos los miembros de su generación, con abundancia de frases cortas y muy expresivas. Hay que destacar las descripciones líricas con las que Baroja, frecuentemente, remata largos pasajes narrativos y en las que condensa brevemente el ambiente y la impresión de lo narrado.

En su estilo permanece un tono agrio, correspondiente a su temperamento agrio. Prefiere la frase corta y el párrafo breve, según él mismo es «la forma más natural de expresión. El párrafo corto da la impresión del golpeteo de Morse». Destaca así mismo un gran relieve en las descripciones junto  a la autenticidad en las conversaciones y diálogos.

Fuentes:

En el programa de radio La Milana Bonita emitido en diciembre de 2011 encontraréis un interesante análisis de esta obra.

Aquí encontráis el audiolibro completo.

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